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Redes Sociales y divulgación en diabetes

Dra. Cristina Tejera Pérez, MD PhD.
Médico especialista en Endocrinología y Nutrición.
Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol.
@cristinatejerap
Jul 23, 2026

Pocas herramientas han transformado tanto la manera en que nos informamos sobre salud como las redes sociales. Instagram, TikTok, X (anteriormente Twitter) o YouTube se han convertido en una primera consulta para millones de personas que conviven con diabetes y buscan respuestas inmediatas a preguntas cotidianas. Qué comer, cómo interpretar una glucemia o qué hacer ante un nuevo tratamiento son las preguntas más habituales. Esta realidad abre una oportunidad para acercar el conocimiento científico a quien lo necesita, pero también plantea retos.

Las personas con diabetes ya están en las redes sociales, con o sin nosotros los profesionales. La pregunta no es si los profesionales debemos estar presentes, sino cómo hacerlo bien, con rigor y con responsabilidad. La divulgación de calidad no compite con la consulta, sino que la complementa. Una persona bien informada es una persona con mejores herramientas para poder afrontar su día con diabetes.

Una fuente de información cada vez más utilizada
La diabetes es una enfermedad de manejo diario en la que la persona toma cientos de pequeñas decisiones cada día durante años y años. Ese protagonismo del autocuidado encaja de forma natural con un entorno digital donde la información está disponible las veinticuatro horas. La evolución de las tecnologías digitales ha ido de la mano del auge del paciente activo, también conocido como “equipado, capacitado, empoderado o comprometido”, que aporta sus propios datos a la gestión de su salud y dialoga de tú a tú con los profesionales.

Las comunidades en línea ofrecen, además, algo que la consulta no puede dar, el apoyo entre iguales. Compartir experiencias con quien vive lo mismo reduce la sensación de soledad ante la gestión de la diabetes y refuerza la adherencia. De hecho, los contenidos que combinan información con apoyo emocional o práctico son los que generan mayor interacción en las redes de asociaciones de diabetes. Cuando se analizan a gran escala las conversaciones entre pares en estas comunidades, el apoyo social emerge como el tema dominante, por encima incluso de las dudas clínicas concretas.

LAS PERSONAS CON DIABETES YA ESTÁN EN LAS REDES SOCIALES, CON O SIN NOSOTROS. LA PREGUNTA ES CÓMO ACOMPAÑARLAS CON RIGOR

El potencial educativo: divulgar también es cuidar
Cuando la divulgación se hace con criterio, sus efectos pueden medirse. Intervenciones educativas a través de redes y plataformas de mensajería han mostrado mejoras en la alfabetización en salud y en las conductas de autocuidado de personas con diabetes tipo 2, con tendencia a mejorar el control glucémico. De hecho, un metaanálisis de ensayos aleatorizados concluye que el apoyo estructurado entre pares mejora de forma significativa la hemoglobina glicosilada y la autoeficacia en diabetes tipo 2. Lo fundamental es transmitir mensajes claros, frecuentes y fáciles de poner en práctica, en un lenguaje que la persona reconozca como propio.

Estas comunidades resultan especialmente valiosas cuando cubren necesidades que el sistema no siempre alcanza a atender. En diabetes gestacional, por ejemplo, los grupos en línea ayudan a resolver dudas y a sostener emocionalmente a las mujeres durante el embarazo, complementando la atención formal.

Para el profesional sanitario, las redes son también una herramienta de salud pública. Permiten ampliar el alcance de la educación más allá del tiempo limitado de la consulta y llegar a personas que de otro modo no accederían a información fiable. En obesidad y síndrome cardiorrenometabólico, áreas estrechamente ligadas a la diabetes, generar contenido riguroso y accesible se ha propuesto como una competencia más del clínico del siglo XXI.

La buena divulgación cumple, en esencia, tres funciones: informar con datos contrastados, orientar hacia decisiones saludables y acompañar emocionalmente a quien convive con una condición crónica. Ninguna de las tres sustituye al equipo sanitario, pero todas pueden fortalecer la relación con él.

Los riesgos: desinformación, expectativas y etiquetas
El mismo canal que difunde conocimiento puede amplificar mensajes erróneos. La desinformación en salud circula con rapidez y, a menudo, con mayor capacidad de captar la atención que la evidencia de calidad. La pandemia de COVID-19 popularizó el término infodemia para describir esa sobreabundancia de información, veraz o no, que dificulta encontrar fuentes fiables. En diabetes, dietas milagro, suplementos sin respaldo o promesas de curar la enfermedad generan confusión, retrasan decisiones adecuadas y pueden poner en riesgo a quien las sigue.

Un riesgo creciente tiene que ver con las expectativas alrededor de los nuevos tratamientos para la diabetes y soluciones tecnológicas. Cuando las redes presentan estas alternativas como soluciones inmediatas y sin esfuerzo, que valen para todas las personas, sin individualizar, se distorsiona la conversación clínica y se dificulta un acompañamiento realista.

A todo ello se suma un factor estructural de las redes ya que los algoritmos que ordenan lo que vemos premian aquello que genera más reacción, no necesariamente lo más veraz. Un contenido alarmista o sensacionalista tiende a difundirse más que una explicación matizada, lo que crea un terreno desigual en el que la información rigurosa debe esforzarse el doble, como mínimo, por llegar. Comprender esta lógica ayuda tanto a quien consume como a quien divulga a no dejarse arrastrar por la mera popularidad de un mensaje.

Existe además un riesgo más sutil, el del lenguaje. Etiquetar a alguien como diabético reduce a la persona a su enfermedad. Hablar de personas con diabetes no es un matiz cosmético, sino una forma de respeto que la divulgación responsable debe incorporar en cada publicación.

HABLAR DE PERSONAS CON DIABETES Y NO DE DIABÉTICOS NO  ES UN MATIZ COSMÉTICO: ES UNA FORMA DE RESPETO

Cómo consumir (y divulgar) mejor
Las redes sociales van a seguir siendo una puerta de entrada a la información sobre diabetes. La pregunta práctica es cómo recorrerlas con criterio. Conviene separar dos papeles que a menudo se mezclan. De un lado, quien consume contenido y de otro lado, quien lo crea. Ambos comparten un mismo objetivo, que la información mejore la salud y no la perjudique, pero requieren habilidades distintas.

Para quien consume: leer con criterio
La alfabetización digital en salud —la capacidad de buscar, entender y evaluar información sanitaria en internet— se ha convertido en una competencia tan básica como saber interpretar una etiqueta nutricional. No exige conocimientos técnicos, sino una actitud atenta y unas pocas preguntas aplicadas de forma sistemática ante cualquier contenido:

  • ¿Quién lo dice? Comprobar la formación de quien firma y si su identidad es verificable. La autoridad real procede de la cualificación y la transparencia, no del número de seguidores.
  • ¿En qué se basa? Buscar si el mensaje remite a evidencia o a guías reconocidas. La buena divulgación reconoce matices e incertidumbre. Las afirmaciones tajantes y sin fuentes son una señal de alarma.
  • ¿Para qué se publica? Distinguir la intención educativa de la venta encubierta de productos, suplementos o servicios. Si el contenido termina siempre en una compra, ten cautela.
  • ¿Está actualizado? En diabetes, las recomendaciones evolucionan. Una publicación de hace años puede haber quedado obsoleta.
  • ¿Promete demasiado? Desconfiar de curas rápidas, soluciones únicas para todo el mundo o resultados sin esfuerzo. La diabetes es individual y su manejo, multifactorial.

Ninguna publicación sustituye la valoración de tu equipo sanitario, que conoce tu caso concreto. Llevar a la consulta lo que se ha leído, incluso para desmentirlo, es una forma valiosa de usar las redes.

Para quien divulga: crear con responsabilidad
Quien produce contenido asume una responsabilidad proporcional a su alcance. Divulgar bien no consiste en simplificar hasta vaciar el mensaje, sino en hacer accesible el rigor. Algunos principios ayudan a lograrlo:

  • Rigor antes que viralidad: verificar cada afirmación y citar la fuente cuando sea posible. Es preferible un mensaje menos llamativo y correcto que uno espectacular e inexacto.
  • Lenguaje que cuida: emplear términos centrados en la persona, evitar el alarmismo y la culpabilización y huir de las imágenes que estigmatizan.
  • Transparencia: declarar la formación propia y cualquier posible conflicto de interés y no mencionar marcas comerciales. La credibilidad se construye sobre la honestidad.
  • Humildad y contexto: reconocer los límites, recordar que cada caso es distinto y derivar siempre a la valoración individual.
  • Constancia frente al ruido: la mejor respuesta a la desinformación no es solo desmentirla, sino ocupar el espacio con contenido fiable de forma sostenida.

Para el profesional sanitario, mantener una presencia digital coherente con la evidencia es hoy una forma valiosa de ejercer la profesión. El profesional sanitario con presencia pública aporta autoridad y experiencia real frente a la desinformación, y son cada vez más quienes asumen ese papel. No se trata de competir por la atención con quien promete milagros, sino de ofrecer una alternativa serena y bien fundamentada a quien busca respuestas.

La inteligencia artificial y los grandes modelos de lenguaje añaden un nuevo capítulo a esta evolución. Pueden ayudar a las personas a comprender mejor su enfermedad y sus opciones, pero también pueden amplificar errores si se usan sin criterio. El reto, una vez más, será el mismo: aprovechar la herramienta sin renunciar al rigor ni al acompañamiento humano.

 

Conclusiones

  • Las redes sociales son ya una vía principal de información en salud para las personas con diabetes.
  • Bien usadas, mejoran la alfabetización en salud, el autocuidado y el apoyo entre iguales.
  • Consumir con criterio, preguntando quién lo dice, en qué se basa y para qué, protege frente a la desinformación.
  • Divulgar con responsabilidad exige rigor, transparencia y un lenguaje respetuoso centrado en la persona.
  • La divulgación rigurosa no sustituye a la consulta, la complementa y refuerza la relación con el equipo sanitario.

 

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