En la consulta de diabetes hay algo que se aprende con el tiempo: explicar bien no siempre es suficiente. Se dan pautas claras, se entregan materiales, se repiten recomendaciones, etc., y, aun así, muchas veces eso no se traduce en cambios reales en el día a día.
La diabetes no se maneja solo con información. Se maneja con comprensión, con acompañamiento y con una educación terapéutica que tenga sentido para quien la recibe. Y ese “tener sentido” no es igual para todo el mundo.
Cuando se trabaja en contextos donde conviven distintas culturas, esto se hace todavía más evidente. No todas las personas entienden la enfermedad de la misma manera. El idioma influye, sí, pero no es lo único. También pesan las creencias, la forma de alimentarse, la historia personal y, en muchos casos, todo lo que implica un proceso migratorio.
NO TODAS LAS PERSONAS ENTIENDEN LA ENFERMEDAD DE LA MISMA MANERA. EL IDIOMA INFLUYE, SÍ, PERO NO ES LO ÚNICO. TAMBIÉN PESAN LAS CREENCIAS, LA FORMA DE ALIMENTARSE, LA HISTORIA PERSONAL Y, EN MUCHOS CASOS, TODO LO QUE IMPLICA UN PROCESO MIGRATORIO
Y es ahí donde surge una pregunta clave en la práctica diaria: ¿cómo influye la diversidad cultural en el manejo de la diabetes en consulta?
El tratamiento de la diabetes se basa en gran medida en el autocuidado. Y eso significa tomar decisiones constantemente: qué comer, cómo organizar las comidas, cuándo tomar la medicación o cómo interpretar una cifra de glucosa.
Pero para poder decidir, primero hay que entender. Y ahí es donde empiezan a aparecer las diferencias. Hay personas que viven la diabetes como algo pasajero, algo que desaparecerá con el tiempo. Otras la relacionan con situaciones emocionales, familiares o incluso con explicaciones más ligadas a lo espiritual. También cambian mucho los hábitos alimentarios, el uso de remedios tradicionales o la forma de entender los medicamentos.
A esto se suma la realidad de muchas personas que atendemos: procesos de cambio, incertidumbre, dificultades económicas o falta de apoyo. Todo eso influye directamente en cómo se afronta una enfermedad crónica como es la diabetes. Cada persona llega con su historia. Y esa historia condiciona su forma de cuidar y de cuidarse. Cuando esto no se tiene en cuenta, empiezan a aparecer pequeños malentendidos que, con el tiempo, se convierten en problemas de adherencia.
A veces se da por hecho que el paciente ha comprendido lo que se le ha explicado. Pero no siempre es así. No porque no quiera, sino porque interpreta lo que escucha desde sus propias referencias: su cultura, su manera de entender la salud, sus experiencias previas. Y eso hace que una misma recomendación pueda tener significados completamente distintos. Cuando uno se da cuenta de esto, cambia la forma de mirar la consulta. Se deja de pensar en términos de “cumple o no cumple” y se empieza a ver a la persona en su conjunto. Y ahí es donde el cuidado empieza a tener más sentido.

Porque no basta con saber mucho de diabetes. Hace falta escuchar más, observar mejor y adaptar lo que se propone. Con el tiempo, se entiende que la diversidad cultural no es una dificultad, sino una realidad que obliga a trabajar mejor. Y también una oportunidad para revisar cómo se está haciendo educación, para cuestionar lo que se da por hecho y para poner el foco en algo que a veces se olvida: la relación que se construye con cada paciente.
Ante esta realidad, surge otra pregunta importante: ¿cómo se puede facilitar un verdadero entendimiento en la consulta de diabetes?
Aquí es donde la mediación intercultural cobra especial importancia. No se trata solo de traducir palabras, sino de ayudar a que lo que se dice tenga sentido para ambas partes. En la práctica, el mediador actúa como un puente. Ayuda a que el paciente entienda qué se le está proponiendo, por qué es importante y cómo puede aplicarlo en su día a día. Pero también permite al profesional comprender mejor a la persona que tiene delante: sus creencias, sus hábitos y las dificultades reales que pueden estar influyendo en su cuidado. Esto cambia mucho la dinámica de la consulta.
Permite ajustar mejor las recomendaciones y evita interpretaciones erróneas. Muchas veces, lo que parece desinterés o falta de implicación no es más que una falta de comprensión o una diferencia en la forma de entender la enfermedad. Hay algo que se percibe claramente cuando se trabaja así: la confianza. Cuando la persona siente que su realidad se tiene en cuenta, la actitud cambia. Se implica más, pregunta más, participa más. Y entonces el cuidado empieza a formar parte de su vida, no como una obligación, sino como algo que tiene sentido para ella.
Hoy en día, el mediador intercultural en el ámbito sanitario en España sigue siendo una figura útil pero todavía insuficientemente integrada. En algunos centros se utiliza y marca una diferencia evidente, pero en muchos otros depende de proyectos puntuales.
En una enfermedad como la diabetes, donde gran parte del manejo depende de la propia persona, mejorar la comunicación no es un detalle menor. Es una pieza clave. Por eso, la mediación intercultural no debería entenderse como algo puntual o excepcional, sino como parte de una forma de trabajar más ajustada a la realidad actual.
Para avanzar hacia una educación terapéutica intercultural, es necesario incorporar estrategias concretas en la práctica diaria:
- Utilizar lenguaje claro, evitar tecnicismos y, cuando sea posible, contar con mediador intercultural.
- Explorar activamente las creencias del paciente y adaptar la educación a su marco cultural.
- Ajustar las pautas dietéticas a la cultura y preferencias del paciente, evitando imponer modelos rígidos.
- Escuchar sin juzgar, integrar prácticas seguras y explicar el tratamiento de forma comprensible.
- Confirmar la comprensión mediante preguntas abiertas o técnicas como “explícame cómo lo harías”.
- Reforzar la educación terapéutica desde la utilidad práctica en su vida diaria.
Son acciones sencillas, pero tienen un impacto real en la adherencia y en el control de la diabetes.

Conclusiones
- La diversidad cultural influye directamente en cómo se vive y se maneja la diabetes.
- La educación terapéutica debe adaptarse a la realidad de cada persona.
- El mediador intercultural facilita la comunicación y mejora la adherencia.
- Trabajar con el entorno y la comunidad refuerza el autocuidado.
- Humanizar la atención mejora tanto los resultados clínicos como la experiencia del paciente.
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