La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) representa una de las principales amenazas para la salud pública del siglo XXI, con un crecimiento sostenido en la mayoría de los países y una clara asociación con el estilo de vida occidental. En España, la prevalencia de DM2 alcanza cifras cercanas al 15% en la población adulta, y la prediabetes afecta a casi una cuarta parte de los mayores de 40 años. En este contexto, las estrategias preventivas y terapéuticas basadas en la modificación de los hábitos de vida adquieren un papel esencial.
Entre las diferentes intervenciones posibles, la alimentación constituye el pilar fundamental para el control metabólico, la reducción del riesgo cardiovascular y la mejora de la calidad de vida en las personas con DM2. En las últimas décadas, la evidencia científica ha identificado varios patrones dietéticos saludables, entre los que destaca de forma sobresaliente la dieta Mediterránea.
La dieta Mediterránea, más allá de un simple patrón alimentario, constituye un auténtico modelo de vida inspirado en la tradición gastronómica de los países ribereños del Mediterráneo. En este modelo, la alimentación equilibrada, junto con una actividad física regular y una adecuada gestión del descanso, conforman una de las estrategias más eficaces y sostenibles para la prevención y el tratamiento de la diabetes y sus complicaciones.
LA ALIMENTACIÓN EQUILIBRADA, JUNTO CON UNA ACTIVIDAD FÍSICA REGULAR Y UNA ADECUADA GESTIÓN DEL DESCANSO, CONFORMAN UNA DE LAS ESTRATEGIAS MÁS EFICACES Y SOSTENIBLES PARA LA PREVENCIÓN Y EL TRATAMIENTO DE LA DIABETES Y SUS COMPLICACIONES
Fundamentos de la dieta mediterránea
El patrón mediterráneo se caracteriza por un consumo elevado de frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos y cereales integrales; una ingesta moderada-alta de aceite de oliva virgen como principal fuente de grasa; un consumo regular de pescado, especialmente azul; y una ingesta limitada de carnes rojas, embutidos y productos ultraprocesados.
La proporción de macronutrientes suele distribuirse en torno a un 45-55% de hidratos de carbono (preferiblemente complejos e integrales), 30-35% de grasas (principalmente mono y poliinsaturadas) y un 15-20% de proteínas, en su mayoría de origen vegetal o marino. El valor diferencial de este modelo no radica solo en la composición de nutrientes, sino también en la calidad de los alimentos y en el contexto social y cultural de la comida: consumo en familia, preparación culinaria tradicional, moderación en las porciones y aprovechamiento de productos de temporada y proximidad.
Evidencia científica en la prevención y el manejo de la diabetes
Diversos estudios observacionales y ensayos clínicos han demostrado la asociación entre la adherencia a la dieta mediterránea y una menor incidencia de DM2, así como una mejoría en el control metabólico en quienes ya la padecen.
El ensayo PREDIMED, realizado en España con individuos de alto riesgo cardiovascular, casi la mitad de ellos con DM2, mostró una reducción significativa de los eventos cardiovasculares mayores en los grupos que siguieron una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos, en comparación con una dieta baja en grasas recomendada por la American Heart Association (1). En el año 2022 el estudio CORDIOPREV, un ensayo clínico aleatorizado que incluyó a 1.002 pacientes con enfermedad coronaria establecida, de los cuales un 54% presentaban DM2 demostró la superioridad de una dieta Mediterránea rica en aceite de oliva virgen frente a una dieta baja en grasas y rica en hidratos de carbono complejos, con un seguimiento de siete años. Durante el periodo de estudio se registraron 198 eventos cardiovasculares adversos mayores, de los cuales 87 ocurrieron en el grupo de dieta mediterránea (17,3%) y 111 en el grupo de dieta baja en grasas (22,2%), lo que representa una reducción relativa del 26% en la tasa de eventos en los participantes que siguieron la dieta mediterránea (2). Este hallazgo ha llevado a que las guías europeas de prevención cardiovascular en diabetes reconozcan la dieta mediterránea con el más alto grado de evidencia (3).
Más recientemente el estudio PREDIMED-Plus, con más de 4.700 adultos españoles con síndrome metabólico, ha demostrado que una dieta Mediterránea hipocalórica (reducción de 600 kcal/día) combinada con actividad física y apoyo conductual reduce en un 31% la incidencia de DM2 frente a la dieta mediterránea sin restricción calórica, tras seis años de seguimiento. La intervención mejoró la adherencia, el peso y el perímetro de la cintura, demostrando que una estrategia intensiva basada en la dieta mediterránea es más eficaz para prevenir la diabetes (4).
A nivel metabólico, se ha observado que la dieta Mediterránea mejora el control glucémico, reduce la hemoglobina glicosilada (HbA1c) y la trigliceridemia, y mejora el perfil lipídico, incrementando el colesterol HDL y reduciendo el LDL (5). En personas con DM2, la adherencia a este patrón alimentario también se ha asociado con menor resistencia a la insulina, mejor función endotelial y reducción de marcadores inflamatorios.
Además, la dieta Mediterránea promueve la pérdida de peso o la prevención de la ganancia ponderal excesiva, aspecto fundamental dado que más del 80% de las personas con DM2 presentan sobrepeso u obesidad. Una reducción moderada del peso (5-10%) mediante una alimentación de estilo mediterráneo y actividad física regular se traduce en mejorías significativas de la glucemia, la presión arterial y los lípidos plasmáticos (6, 7).
En comparación con otros modelos dietéticos, la dieta Mediterránea destaca por su equilibrio, palatabilidad y adherencia a largo plazo. Aunque las dietas bajas en hidratos de carbono pueden producir descensos más rápidos de la glucemia o de la HbA1c en los primeros meses, la dieta Mediterránea ofrece resultados más sostenibles y beneficios adicionales sobre la salud cardiovascular y la calidad de vida.
REDUCIR EL CONSUMO DE CARNES ROJAS Y PROCESADAS, AUMENTAR LA INGESTA DE LEGUMBRES Y PROTEÍNAS VEGETALES, Y EVITAR LOS ALIMENTOS ULTRAPROCESADOS NO SOLO MEJORA EL CONTROL METABÓLICO Y EL RIESGO CARDIOVASCULAR, SINO QUE CONTRIBUYE A PRESERVAR LOS RECURSOS NATURALES Y MITIGAR EL CAMBIO CLIMÁTICO
Alimentos clave y mecanismos de beneficio
Los efectos protectores de la dieta Mediterránea derivan de la sinergia entre múltiples componentes bioactivos presentes en los alimentos típicos de este patrón (8, 9):
- Aceite de oliva virgen extra, rico en ácidos grasos monoinsaturados y compuestos fenólicos, mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la inflamación y el estrés oxidativo, y favorece un mejor perfil lipídico.
- Frutas, verduras y legumbres, con alto contenido en fibra soluble, antioxidantes y fitoquímicos, contribuyen a un mejor control glucémico y a la reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular.
- Frutos secos, en especial nueces, almendras y pistachos, aportan grasas insaturadas, proteínas vegetales y minerales, y su consumo regular (30 g/día) se asocia con menor mortalidad cardiovascular y global en personas con DM2.
- Cereales integrales, frente a los refinados, mejoran el metabolismo de la glucosa y reducen el riesgo de DM2 y de enfermedad coronaria.
- Pescado azul aporta ácidos grasos omega-3 de cadena larga, con efecto antiinflamatorio y antiarrítmico, reduciendo el riesgo de mortalidad cardiovascular en personas con diabetes.
- A pesar de que ciertos estudios sugieren beneficios del consumo moderado de vino en el contexto mediterráneo puede asociarse con un perfil lipídico más favorable y menor incidencia de DM2, la evidencia es controvertida y no justifica promover su consumo, que, en todo caso, debe ser mínimo y restringido a personas sin contraindicaciones.
En conjunto, estos alimentos generan un entorno metabólico favorable caracterizado por menor inflamación sistémica, mejor sensibilidad a la insulina y menor riesgo de complicaciones cardiovasculares, microvasculares y renales.
Implementación y adherencia al patrón mediterráneo
A pesar de la solidez de la evidencia, la adherencia a la dieta Mediterránea en la población con DM2 sigue siendo baja. Los factores que más dificultan su seguimiento incluyen la falta de educación nutricional, la complejidad percibida de las recomendaciones, las limitaciones económicas y la influencia del entorno social y cultural.
La educación nutricional personalizada, integrada en un equipo multidisciplinar, es una herramienta clave para mejorar la adherencia. Intervenciones realizadas por dietistas-nutricionistas o enfermeras educadoras en diabetes, con sesiones estructuradas y seguimiento continuo, han mostrado mejorar significativamente el conocimiento, la motivación y la autopercepción de la salud (10). Asimismo, la implicación de la familia y del entorno cercano, junto con estrategias conductuales basadas en objetivos alcanzables y refuerzo positivo, favorecen la continuidad del cambio de hábitos. La flexibilidad del modelo mediterráneo, que permite múltiples adaptaciones culturales y culinarias, constituye una ventaja frente a otras dietas más restrictivas o monótonas.
Dieta mediterránea y sostenibilidad: el futuro de la alimentación
En los últimos años, el debate sobre los patrones alimentarios ha trascendido el ámbito de la salud individual para incorporar la sostenibilidad ambiental como elemento central. El modelo mediterráneo, rico en alimentos de origen vegetal, moderado en proteínas animales y basado en productos locales y de temporada, se alinea con las propuestas de alimentación saludable planetaria promovidas por la EAT-Lancet Commission (11, 12).
Reducir el consumo de carnes rojas y procesadas, aumentar la ingesta de legumbres y proteínas vegetales, y evitar los alimentos ultraprocesados no solo mejora el control metabólico y el riesgo cardiovascular, sino que contribuye a preservar los recursos naturales y mitigar el cambio climático. Por tanto, la dieta mediterránea no debe entenderse únicamente como una herramienta clínica, sino como un modelo integral de salud global que promueve la prevención de enfermedades crónicas y la sostenibilidad del planeta.

Conclusiones
La dieta Mediterránea constituye uno de los patrones alimentarios con mayor evidencia científica en la prevención y el tratamiento de la DM2. Su efecto beneficioso sobre el control glucémico, el peso corporal, el perfil lipídico y la presión arterial, junto con la reducción demostrada del riesgo cardiovascular, la convierte en la opción de referencia para las personas con prediabetes o diabetes. Más allá de los nutrientes, la dieta Mediterránea representa una forma de entender la alimentación y el estilo de vida, basada en la moderación, la socialización, la actividad física y el respeto por los alimentos y el entorno. Su implementación requiere un enfoque multidisciplinar, adaptado a las preferencias y capacidades de cada paciente, y apoyado por la educación nutricional continuada y el acompañamiento profesional. Promover la dieta mediterránea entre las personas con diabetes no solo significa mejorar su control metabólico y calidad de vida, sino también apostar por un futuro más saludable y sostenible para toda la sociedad.
Referencias
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