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Climatología y Diabetes Mellitus. «Keep Calm and Check Your Glucose”

Dra. Susana González Tejón.
Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. EAP Raval Sud. Barcelona.
Feb 19, 2026

La diabetes mellitus (DM) no solo depende de la genética o el estilo de vida, también está influida por factores climáticos como el calor, el frío, la humedad y la altitud entre otros. Todos estos factores pueden afectar al control de la glucosa y a la eficacia de su tratamiento.  Así, para mantener un control metabólico adecuado y evitar complicaciones, es importante entender esta relación: el impacto del cambio climático en la diabetes no es una hipótesis, sino un determinante clínico presente que debe incorporarse a la práctica asistencial.

Impacto del calor sobre el control de la glucosa

El aumento de la temperatura ambiental puede alterar el control de la glucemia (hiper e hipoglucemias), aumentar el riesgo de deshidratación y favorecer la resistencia a la insulina.

  • Las temperaturas elevadas favorecen la deshidratación que a su vez produce un aumento de la glucemia. La deshidratación también favorece la resistencia a la insulina, interfiriendo con la capacidad del cuerpo para metabolizar la glucosa.
  • El calor tiene un impacto directo en la farmacocinética de la insulina ya que aumenta su velocidad de absorción y altera su estabilidad. Esto puede hacer que actúe más rápido de lo habitual, incrementando el riesgo de sufrir hipoglucemia.
  • El calor extremo puede desencadenar complicaciones agudas graves (como la Cetoacidosis Diabética o el Estado Hiperosmolar Hiperglucémico) a consecuencia de la alteración en la estabilidad y absorción de la insulina y la hiperglucemia secundaria a la deshidratación.

Todo ello incrementa la necesidad de atención médica y supone un aumento del número de ingresos hospitalarios y de las visitas a urgencias relacionadas con la diabetes.

Impacto del frío sobre el control de la glucosa

Las bajas temperaturas también aumentan la morbilidad en las personas con diabetes. Se ha descrito un incremento de hasta el 12% en las hospitalizaciones relacionadas con la diabetes en climas fríos.

El frío extremo, especialmente la congelación, degrada la estructura proteica de la insulina, causando una pérdida de su potencia por lo que el paciente puede presentar hiperglucemia y riesgo de cetoacidosis diabética.

Además, el frío aumenta la respuesta del sistema nervioso simpático, causando vasoconstricción (estrechamiento de los vasos sanguíneos), aumentando la presión arterial y la demanda de oxígeno del corazón. Este estrés es grave para las personas con diabetes, que frecuentemente ya padecen de hipertensión o enfermedad cardiovascular.

Impacto de otros factores ambientales sobre la diabetes

  • Contaminación del aire: la exposición crónica a partículas finas (PM2.5), como el humo de los incendios forestales, puede desencadenar inflamación y afectar la función de las células beta del páncreas.
  • Altitud: al viajar a grandes alturas, los síntomas de hipoglucemia (agotamiento, náuseas) pueden confundirse con el “mal de altura”. Además, algunas bombas de insulina pueden administrar una dosis ligeramente mayor debido a los cambios de presión, lo que exige una monitorización manual más frecuente.

Población con diabetes más vulnerable a la climatología

Aunque toda persona con diabetes es susceptible a los riesgos ambientales, hay ciertos grupos que son excepcionalmente vulnerables:

  • Las personas ≥ 65 años, por la combinación del envejecimiento natural, la reducción de la capacidad termorreguladora y la presencia de comorbilidades.
  • Sufrir otras enfermedades crónicas (comorbilidades), como la enfermedad cardiovascular, la enfermedad renal crónica o la hipertensión, aumenta el riesgo de hospitalización y mortalidad en los días de más calor.
  • Los pacientes oncológicos: las personas con diabetes que reciben tratamiento para el cáncer (incluyendo esteroides o radioterapia) ya que estos tratamientos pueden aumentar la glucemia en sangre.

Consejos clínicos y ajuste farmacológico

Durante las olas de calor, las personas con diabetes presentan una vulnerabilidad aumentada por la deshidratación, la alteración del control glucémico y los cambios en la farmacocinética de algunos tratamientos.

El personal sanitario debe:

  • Revisar la medicación, especialmente diuréticos, betabloqueantes, IECAs/ARA-II y SGLT2, y ajustar dosis según tolerancia y riesgo de hipotensión o deshidratación.
  • Aconsejar sobre la manipulación y almacenamiento correctos de la insulina para evitar pérdida de potencia o absorción acelerada que conduzca a hipoglucemia.
  • Promover la hidratación, el control glucémico frecuente y estrategias de enfriamiento ambiental.
  • Identificar pacientes vulnerables (mayores, con enfermedad cardiovascular o enfermedad renal crónica, o con baja adherencia) y reforzar la educación individual.
  • Recordar el llamado “efecto mayo”: mayor riesgo de hospitalización al inicio del calor por falta de aclimatación.

El clima extremo aumenta los riesgos metabólicos en personas con diabetes. La educación ambiental, la revisión de la medicación y el uso de tecnología (bombas de insulina, apps, sensores) son esenciales para prevenir complicaciones. La adaptación climática debe incorporarse a las guías de autocuidado en diabetes.

 

Conclusiones

  • El clima extremo modifica la fisiología y el control metabólico en diabetes.
  • El calor puede favorecer episodios de hipoglucemia, especialmente en personas tratadas con insulina o secretagogos, debido a una absorción más rápida del fármaco.
  • El frío puede aumentar la presión arterial y dañar la insulina si se congela.
  • La contaminación y la altitud también influyen en el metabolismo y la respuesta terapéutica.
  • La educación continua, el ajuste farmacológico estacional y la identificación de pacientes vulnerables son pilares para prevenir complicaciones durante eventos climáticos extremos.
  • Se requiere un esfuerzo conjunto de pacientes, sanitarios y sistemas de salud para desarrollar e implementar estrategias de prevención.

 

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