La diabetes mellitus tipo 1 es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la edad pediátrica y supone un importante reto tanto clínico como organizativo.
La diabetes mellitus tipo 1 es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la edad pediátrica y supone un importante reto tanto clínico como organizativo.
La tecnología aplicada a la diabetes ha marcado un antes y un después en el tratamiento de nuestros pacientes.
La diabetes mellitus constituye uno de los mayores desafíos de salud pública del siglo XXI.
La obesidad es una enfermedad crónica que afecta a más de la mitad de la población adulta.
El maíz (Zea mays), junto al trigo y el arroz, es uno de los cereales más consumidos.
La historia de la medicina y de las artes ha recorrido senderos paralelos desde que existe evidencia de cultura en la civilización.
Vivir con diabetes no significa renunciar a la vida social ni a las celebraciones que forman parte de nuestra cultura y nuestras relaciones personales.
Durante muchos años, la diabetes tipo 1 (DT1) se ha entendido, en la práctica clínica, como una enfermedad que comenzaba cuando se cumplían los criterios diagnósticos mediante pruebas analíticas.
Durante décadas, el control de la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) se ha centrado casi exclusivamente en un único parámetro: la hemoglobina glicada o HbA1c.
Según las recomendaciones actuales para el autocuidado de la salud en personas con diabetes (PcD), las intervenciones sobre el estilo de vida —incluyendo la alimentación, la actividad física, el ejercicio y el manejo del estrés— constituyen una de las estrategias más eficaces para mejorar el control glucémico, habitualmente evaluado mediante la hemoglobina glicosilada (HbA1c).